Detrás de los cantes...

Intentando sobrevivir a esto de opositar, compartiendo este arduo camino salpicado de anécdotas, experiencias y buen humor, para evitar perder la cabeza, ¿te apuntas?

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viernes, 26 de julio de 2013

¡Aprobé!

Aprobé. Después de dos años y medio. Tengo trabajo. Para siempre. Tengo un futuro por delante que me apetece muchísimo.


Leer lo que acabo de poner. Y leerlo el día que aprobéis. No tendrá nada que ver. No es fácil imaginar la sensación por mucho que lo hayas pensado mil y una veces. Al menos para mí. Se acabó. Lo conseguí. Satisfacción. Imágenes cual secuencias de los últimos días. De los últimos meses. De los últimos años. De los llantos. Del cansancio acumulado. De las agujetas. De los nervios. De la sensación de tortura al sacar las bolas. De lo relativo que es el tiempo. De lo largos que son los días de examen. Que el primer tema dura 10 años y el segundo cinco. De cuando no te sentías capaz de seguir adelante. De cuando Berocca Boost dejó de hacerte efecto. Y no te puedes dormir. Estás cansada. Satisfecha. Las ojeras te llegan hasta los pies. Pero sonríes. Y no puedes parar de sonreír. Y te acechan las imágenes. Y te ves diciendo que estás harta de estudiar, que no avanzas, que tus amigas tienen su vida y que no te da la gana de seguir. Y te ves indignándote porque tu madre no te apoya en tu decisión de dejarlo ahora que ya estás a medio camino. Y te recuerdas quejándote de que no te contestan de los CV que ya estás mandando, porque quieres tu futuro aquí y ahora. Maldiciendo. Y sonríes y dices "Gracias chicos por no cogerme en vuestra empresa. Irónico, pero de las mejores cosas que me han pasado". Me dan ganas de mandarles un mail y agradecerles el gran favor que me han hecho, sin darse cuenta. Y piensas "Qué haría yo sin mi madre". Y te viene a la cabeza el discurso de Steve Jobs en Standford y pienso: "Cuánta razón, ¿cómo iba a unir los puntos desde delante?" Y te miras a ti misma, sentada en tu silla, preguntándote qué pasará y qué será de ti si no apruebas. Del movimiento de pierna, del no parar. De los días que van pasando. Del hastío de estar dando vueltas al temario. De tus quejas. De tus pensamientos negativos. De tu novio a tu lado masticándote los temas que se te atragantan. De tus padres día tras día, teniéndote entre algodones y procurando que nadie te distraiga. Y piensas en la cara de tu padre cuando ha visto que pasabas el último examen. El trámite final. Y os aseguro que eso, no hay dinero en el mundo que lo valga. 

No quiero dar consejos de estudio porque es probable que no sea una opositora al uso. Aunque a mí me hayan venido bien. Porque yo uso lo menos posible la palabra "Opositora". Porque detesto las palabras "Opo" y "Opozulo". Porque yo soy yo y otras cosas son mis circunstancias. No es mi vida, ni soy yo. Igual que mi amiga Lola no es consultora, es una chica de 26 años muy simpática que si le preguntas, trabaja en consultoría. Porque no puedo decir que estos años hayan sido los peores de mi vida, si bien ha habido momentos durísimos, también me han pasado algunas de las mejores, como conocer a alguien que toda persona debería tener en su vida. 

Soy como mis amigas. No tengo una vida tan diferente a la suya. Bueno sí, que los domingos se van a la latina y yo me quedo en casa. Pero también me quedo en casa de lunes a viernes cuando nieva o  graniza mientras ellas se van a la parada del tren o a cogerse el coche para irse a trabajar. Yo no tengo un jefe que me haga la vida imposible. Aunque también es cierto que, a veces, soy el peor jefe.

Por eso solamente me queda mandar mucho ánimo, constancia. Que cuando os invadan pensamientos negativos, sentimientos de que estás perdiendo tu vida, que estás perdiendo tus mejores años, que no sirves para esto, que te gusta mucho la calle, os diría que ADELANTE. Algún día merecerá la pena. Y todo el esfuerzo tiene recompensa. Os deseo también descanso, y que no os obsesionéis con lo que hacéis. Que es compatible disfrutar y estudiar. Que lo que valoráis el tiempo libre no lo valoran los demás y eso hace exprimirlo y disfrutarlo más. Y sólo os deseo que, algún día, podáis no poder dormir por esta sensación.


Carlota

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