Detrás de los cantes...

Intentando sobrevivir a esto de opositar, compartiendo este arduo camino salpicado de anécdotas, experiencias y buen humor, para evitar perder la cabeza, ¿te apuntas?

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viernes, 22 de noviembre de 2013

Al habla una novia de opositor: cómo nos ven desde fuera ;)

¡Hola a todos, sufridos opositores! 

Vosotros no me conocéis, pero yo a vosotros, sí (en cierto modo, claro). Ello se debe a 
que soy lectora asidua de este blog desde hace unos meses. Y sin embargo, ni siquiera 
oposito. ¿Por qué os leo entonces? Muy fácil: la persona más importante de mi vida es 
de los vuestros. 

Hace poco más de dos años que conocí a mi novio (llamémosle F. de aquí en adelante), 
y cuando me contó que estaba preparando judicaturas, me prometí a mí misma que sería 
su apoyo constante y que jamás interferiría en sus horarios de estudio, ni saldría de mis 
labios una sola queja si a veces no podía dedicarme todo el tiempo que me gustaría. 
Muy al contrario, decidí que intentaría alegrarle los largos días de "opozulo" en los ratos 
que pudiéramos hablar (¡bendito WhatsApp!) y compensarle todos sus desvelos las 
veces que quedásemos a la semana (en general, 2 ó 3). Pero cumplir todos esos buenos 
propósitos, aun con toda la voluntad del mundo, en los momentos de debilidad se hace 
difícil... bueno, en realidad siempre resulta duro (por ejemplo, todavía hoy tengo que 
hacer un enorme ejercicio de autocontrol para respetar los horarios de F. -que de hecho 
han pasado a ser también los míos, de una manera u otra-, y mucho ha llovido desde que 
me los aprendí cuando empezábamos a salir juntos). 

Es difícil sobre todo porque no entiendes al 100% qué es por lo que está pasando la otra 
persona, principalmente por no estar experimentándolo tú mismo. En mi caso, F. lleva 
ya varios años opositando, con la presión que ello conlleva (especialmente dada la 
actual situación de las convocatorias), y no es muy dado a hablar ni de ella ni de "la 
procesión que va por dentro", sino que cuando acaba con los temas del día prefiere 
pensar y conversar sobre otras cosas (algo perfectamente comprensible, por otra parte). 
Tampoco recuerdo que me haya dado, en algún día de cante, una respuesta muy distinta 
de "Bien" a la pregunta "¿Qué tal te ha ido?". Como mucho protesta de los tests, que el 
pobre odia con toda su alma. 

Así que aquí es donde recurro a vosotros: los administradores, colaboradores y lectores 
de este blog. Leer acerca de vuestras experiencias y frustraciones, sobre lo que os anima 
y lo que os deprime, me ayuda mucho a la hora de ponerme en el lugar de F. sin 
necesidad de interrogarle continuamente. Esto no quiere decir, por supuesto, que antes 
de descubrir "Sobrevivir a opositar” yo fuera un estorbo para él, pues desde el minuto 1 
le he admirado más que a nadie por su fuerza de voluntad y capacidad de sacrificio, y 
como ya he dicho siempre procuro facilitarle las cosas en la medida de mis 
posibilidades. 

Pero en mi imaginación convertía a F. en una especie de máquina híper-eficiente para la 
que el estudio era poco menos que un paseo militar. Desde luego no es así, y gracias a 
vosotros puedo rellenar mejor en mi cabeza cómo son todas esas horas que pasa delante 
de los Carperi, más o menos desde las 5 AM hasta las 20 PM. Y le quiero mucho más 
por ello, porque a pesar de semejante paliza todavía es capaz de sacar tiempo para mí 
cada día, e incluso, pese al hartazgo de Códigos, es el primero en ofrecerse a ayudarme 
con las prácticas y demás trabajos de la Facultad (soy estudiante de Derecho; ya sabéis, 
Dios los cría…). Dicho con otras palabras: sé que si en un momento realmente le 
necesito lo dejará todo para estar a mi lado. Además, y esto quizás os parezca raro, no 
recuerdo que haya pagado conmigo un eventual mal humor opositoril, nunca jamás (lo 
cual es de agradecer). 

Por todo lo anterior, más que como una máquina o robot, yo siempre veré a F. como un 
super-hombre; y puedo afirmar sin temor a equivocarme que seguro que hay alguien (un 
amigo, un hermano, una pareja...) para quien todos (y todas) lo sois. 

Tal vez cometa un error y mi perspectiva como novia-de-opositor no os aporte nada; sin 
embargo, yo he pensado que podría ser interesante que alguien que, siendo “de fuera”, 
sufre casi tanto como vosotros la falta de tiempo libre, las exigencias del preparador, los 
cantes, los cambios legislativos, la incertidumbre de las convocatorias, la escasez de 
plazas, etc., pusiera su granito de arena en este proyecto. Ojalá no os haya aburrido este 
particular homenaje al opositor de mi vida (extrapolable, por supuesto, a todos los que 
recorréis este duro camino). 

Os deseo mucho ánimo y toda la suerte del mundo. 

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Gracias por respetar el trabajo de los demás.