Detrás de los cantes...

Intentando sobrevivir a esto de opositar, compartiendo este arduo camino salpicado de anécdotas, experiencias y buen humor, para evitar perder la cabeza, ¿te apuntas?

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viernes, 15 de noviembre de 2013

Oposiciones de Magisterio: Mi experiencia

¡Hola a todos! Hoy os dejo con una persona que nos ha escrito sobre su oposición y nos da algunas claves de como ve la misma. Desde aquí nuestra enhorabuena porque ya estás del otro lado, eres ex-opositor. ¡Gracias por escribirlo y mandarlo!  Os dejo con lo que ha escrito


Vaya por delante que las vivencias que aquí se describen sucedieron hace ahora nueve años y que las circunstancias del mercado público de empleo, la opinión general sobre el funcionariado y la economía nacional eran diferentes de las actuales. Sin embargo, hay máximas que no cambian en todo lo que supone enfrentarse a un examen que puede cambiar el rumbo de toda una vida.

Empecemos por apuntar que ser maestro/a es una profesión vocacional y que su desarrollo en el ámbito público no genera patrimonios millonarios; así que lo más importante es estar seguro de que esta carrera llena y satisface plenamente a quien aspira a destinar toda su vida laboral a ella. De lo contrario, la frustración y el desánimo pronto serán tu signo de identidad dentro de un gremio atacado por múltiples flancos.
Supongamos que cumples con los dos primeros requisitos, a continuación es importante revisar el bagaje propio que cada opositor posee. Las experiencias previas al estudio tienen un enorme peso en la proporción de esfuerzo y dedicación que se deberá destinar al estudio. Se trata de una prueba “concurso-oposición” por lo que cualquier curso, taller, seminario, convivencia, formación… también se valorará; si está justificada conforme a los requisitos de la convocatoria. Superar las pruebas del examen, con derecho a plaza, es lo primero; pero puedes conseguir un destino, más cercano a tus intereses, cuanto más consigas puntuar en la fase concurso.
 Por otra parte, la docencia y la educación son términos semejantes pero no iguales: Un docente transmite contenidos, un educador comparte conocimiento en muchos más planos que el meramente intelectual. Cualquier experiencia (acreditada con certificados –preferiblemente para las baremaciones de puntos del concurso- o no) enriquecerá tu discurso y, lo que es mucho más definitivo, imprimirá en tu expresión la fuerza de la veracidad y el aplomo de la vivencia consciente. Cuando se toma contacto con la realidad educativa nuestra seguridad en nosotros mismos y en aquello de lo que hablamos nos dota de una asertividad e iniciativa extremadamente valorada por los tribunales.

Para hablar de lo que supone ser opositor de magisterio hay que conocer el carácter de las pruebas. Esta oposición presenta dos facetas: Una tradicional y academicista; el estudio y memorización de los temas teóricos junto con una redacción justificada desde conocimientos teóricos de un supuesto práctico de ámbito educativo y otra con un alto componente subjetivo que le es inherente e inevitable. Puesto que se trata de pruebas Autonómicas apuntaremos que puede haber ligeras variaciones entre los exámenes de unas regiones y otras; especialmente aquellas que requieren de prueba de idioma propio de la comunidad correspondiente. Pero, en esencia, la mayor parte de las convocatorias son iguales entre sí y muy parecidas –en formato- a las de profesores de secundaria, escuelas oficiales de idiomas y conservatorios. Un problema, que ha generado gran polémica, es la habitual coincidencia de fechas de los exámenes en unas sedes y otras; lo que imposibilita la opción de inscribirse en varias comunidades a la vez, obligando a los aspirantes a elegir dónde competir con otros candidatos o a recorrer en cuestión de días distancias entre sedes de examen con escaso tiempo de descanso entre la realización de una prueba y la misma en otra comunidad. O entre estos momentos y las lecturas orales de los temas redactados; puesto que los tribunales no leen y corrigen las pruebas por sí mismos; sino que evalúan tras escuchar las lecturas, previa citación, que cada candidato hace de su propio documento. (La valoración de esta parte se tratará más extensamente a lo largo de este texto).
La segunda parte de las pruebas consiste en la presentación y defensa oral de una Programación Didáctica completa con duración de un curso escolar y la exposición detallada de una unidad didáctica elegida al azar entre todas las de la programación. Ha de ser original y elaborada íntegramente por el aspirante que contará con una hora de preparación previa en un cuarto anejo a la sala de exámenes (conocido como “la encerrona”) y veinte o veinticinco minutos de exposición ante el tribunal. En ocasiones, es necesario contar con la ayuda de otras personas que presenten la documentación de la segunda parte de las pruebas en nombre de los aspirantes para que esté disponible el día en que se le convoque a su defensa en el tribunal asignado al candidato, cuando se pretende asistir a convocatorias de diferentes sedes. Es interesante saber que las organizaciones sindicales de todas las siglas cuentan con personal formado y dispuesto para apoyar a los estudiantes en estas cuestiones y en todos los temas relacionados con la comprensión y cumplimiento de las convocatorias, procesos, concurso de baremos y conocimiento de los detalles administrativos y burocráticos de todos los trámites. En las fechas previas a la publicación de las convocatorias se suelen convocar charlas informativas para opositores en las que, además de intentar captar afiliados, aportan informaciones útiles para quienes se acercan por primera vez al complejo mundo del empleo público. Es aconsejable participar en alguna de ellas, tanto si tienes intención de pertenecer a cualquier sindicato como si no.
En la mayor parte de las pruebas, los tribunales se reservan el derecho a realizar preguntas relacionadas directa o indirectamente con lo expuesto en la segunda parte. No suelen prolongarse demasiado, pero pueden ser entre dos y cinco preguntas que someten a los candidatos a mucha presión por su carácter impredecible y por la imposibilidad de preparar una respuesta elaborada. En algunas comunidades estas preguntas breves son escogidas al azar de un saco previamente lleno de pequeños papelitos y en otras quedan al arbitrio de los integrantes del tribunal.

Una vez realizadas las pruebas, leídas, presentadas las programaciones y defendidas llega el momento de preparar cuanta documentación acreditativa y justificativa de formación pueda aportarse para pasar a la fase de Concurso, en la que solamente entran los candidatos que hayan superado las pruebas con derecho a plaza.

En cuanto a las cualidades profesionales y personales que más se valoran en estos exámenes públicos apuntaré; y quede todo esto, como mera opinión personal basada en la experiencia vivida, que lo más destacable es:
·         Organización estructurada de todos los conceptos trabajados durante los estudios universitarios y su correspondencia con los contenidos de los temarios de oposición. En muchas escuelas de Educación las materias impartidas en los planes de estudios coinciden ampliamente con los contenidos desarrollados en los temarios de oposición, siempre que se opte a la misma especialidad de estudios que se cursaron. Es posible ahorrar mucho tiempo en la elaboración de los apuntes personales recurriendo a créditos ya estudiados.

·         Capacidad para extrapolar aprendizajes. No considerar que los contenidos son bloques estancos; sino que lo que se estudia como justificación teórica de una línea docente, de un método, de una ley o de una técnica puede ser flexiblemente aplicado a muchas otras situaciones. Esta cualidad es particularmente útil en el apartado del “supuesto práctico”; si una estrategia de trabajo es útil y se ha podido vivir la experiencia en un entorno determinado, podemos describirla en otro siempre que se mantengamos las condiciones mínimas para su desarrollo. Recordemos que la experiencia es un grado para aumentar nuestra asertividad a la hora de defender una propuesta.

·         Expresión genuina y original del diseño de programación didáctica: indudablemente la configuración de las unidades, temáticas, tipos de actividades y objetivos ya habrán sido utilizados por muchos otros candidatos; por eso mismo, es importante ser auténtico y arriesgar en la presentación de la programación. Los tribunales estarán, más que posiblemente, cansados de escuchar siempre las mismas propuestas tildadas de líneas editoriales conocidas. No olvidemos, que los tribunales son profesionales en activo del cuerpo público al que se aspira y están trabajando diariamente con diseños publicados. Hay que intentar ser, en la medida de lo posible, innovador y creativo. Captar la atención de los examinadores y mantenerla durante más tiempo que otro candidato puede ser la clave del éxito.

·         Ausencia del miedo a hablar en público. En esta profesión casi se da por supuesto que hablar en público es algo que no frena a ningún opositor; sin embargo, sabemos que no es lo mismo hablar a quien “en teoría” no controla la materia a tratar, que a quien “en teoría” suponemos expertos en la misma. Ni lo uno, ni lo otro. Para empezar, los tribunales están compuestos por personas de edades bien diferenciadas, cuyas exigencias y conocimientos para acceder a sus puestos han sido distintos a los que ahora tienen en cuenta para evaluar a los aspirantes. Además, hay muchas estrategias empleadas para calificar a los candidatos y cada miembro del tribunal se marca consensuados previamente unos criterios  a observar y unos momentos en los que permanecerá más atento que en otros a cada intervención. El opositor no conoce ni cómo, ni cuándo, ni cuáles son esos principios a seguir; por lo que estar pendiente de todos esos detalles sólo sirve para imprimir una presión innecesaria que merma las posibilidades de lucimiento y demostración de todas las cualidades positivas que podemos desplegar. Es mejor olvidarse de todo y tratar de convencer, con nuestra mejor imagen y conocimientos de que somos merecedores de una buena calificación. En el fondo, es lo que haremos el resto de nuestra vida profesional: convencer de que aquello que explicamos es una verdad real, comprensible e incorporable al conocimiento de los que nos escuchen. Se trata de dar los primeros pasos en ello con una audiencia “algo exigente”, nada más.

·         Soltura en la expresión oral y escrita en otro idioma o lenguaje artístico: los exámenes para acceder a plazas de lengua extranjera o de música suponen una necesidad añadida: la capacidad de dominar el lenguaje que se desea transmitir. Tanto si es para inglés, francés o alemán como si es para música, los candidatos con mayores opciones son aquellos que hayan podido dominar esas materias. Haber vivido en el extranjero o tocar varios instrumentos es definitivo. Por eso muchas de las personas que se inscriben en esas convocatorias tienen formación complementaria a los estudios de educación, tales como títulos de escuelas oficiales de idiomas, conservatorios, escuelas de música o danza y formación en distintos países. No es obligatorio para poder presentarse a las pruebas, pero facilita un punto de partida más cómodo. Del mismo modo, la rama de Educación Física será más fácilmente accesible para personas en entrenadas y con destrezas deportivas o forma física trabajada habitualmente.

·         Capacidad para separar lo personal de lo profesional: Puede que en la preparación de los exámenes no sea imprescindible, pero conviene saber que en el trato diario con personas (tanto compañeros como alumnos) es importante saber separar las sensaciones y los sentimientos personales de lo que el puesto al que aspiramos supone. Habrá problemas de difícil solución, conflictos profesionales, compromisos complicados de asumir y situaciones duras a nivel humano que no podremos remediar. Mantener una distancia discreta con todas estas experiencias ayuda a ser más profesional y a vivir más plenamente el resto de las facetas humanas.

             Finalmente, daremos unas pautas orientativas en cuanto a la organización de los opositores:
1.      Es aconsejable comenzar a preparar las pruebas entre 12 y 9 meses antes de la celebración de los exámenes; dependiendo del bagaje previo del que se disponga.
2.      Habitualmente se estudian primero los temas teóricos en bloques relacionados y se realizan algunos supuestos prácticos de prueba recomendados por las editoriales y academias de preparación. Hoy en día internet está lleno de propuestas á lleno de propuestas y exámenes anteriores.
3.      Transcurridos 5 o 6 meses se alternan los repasos con la preparación y diseño de la programación didáctica. Hay que asegurarse del carácter eliminatorio o no de las fases del examen para dar acceso a lo siguiente. En algunas convocatorias no ha sido posible defender la programación sin superar la primera parte teórica.
4.      Repasar los contenidos dos meses antes y “aburrir” a algún buen amigo o familiar con nuestra presentación oral. Las grabaciones de video y audio ayudan a pulir detalles y mejorar la postura y expresión corporal.
5.      No dedicar más de 6 (máximo 7)  horas diarias y dejar tempo para el descanso y esparcimiento, al menos un día de cada semana, dos según se acercan las fechas.
6.      Hay vida después de la oposición. Sí, también si suspendes.

Espero que este texto sea de ayuda para todos los que están pensando en presentarse a unas oposiciones del ámbito educativo y que la situación general de economía y trabajo de estos momentos no sean más poderosas que la voluntad de los candidatos a conseguir un puesto público en lo que realmente desean hacer el resto de su vida.


Gracias por leer.

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