Detrás de los cantes...

Intentando sobrevivir a esto de opositar, compartiendo este arduo camino salpicado de anécdotas, experiencias y buen humor, para evitar perder la cabeza, ¿te apuntas?

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martes, 5 de noviembre de 2013

Reflexiones de una opositora

¡Hola!

Nunca había escrito en un blog ni nada parecido. Siempre he estado “al otro lado de la pantalla” leyendo. No obstante, la otra noche, hablando con una de las administradoras del blog me propuso el escribir algo y dije venga! Por qué no? Algo se ocurrirá.

Pero al hablar sobre la oposición se abre un abanico tan grande de posibilidades que no sabía ni por dónde empezar. Me pasaba como en aquel capítulo de los Simpsons en que el Señor Burns tiene tantas enfermedades que por eso mismo está sano: todas intentan entrar a la vez, se colapsa y no entra ni una.

Después de unos días un poco bajoneros ante los cuales me he empeñado que lleguen a su fin, he decidido decantarme, fruto un poco también de aquella conversación, por las cosas que te enseña la oposición y que solemos dejar olvidadas centrándonos en el final del camino, sin acordarnos a veces que durante el mismo hemos podido disfrutar de ciertas vistas. Es difícil escribir sobre algo novedoso, así que desde ya me disculpo por si en algo me repito y espero aportar alguna novedad.


La primera cosa que te enseña, y sobre la cual no voy a añadir nada, pues lo sabemos perfectamente , es darte cuenta de quiénes son tus verdaderos amigos y quiénes no. Cómo gente que creías que estaría para todo no lo está y, a la inversa, gente que no esperabas siempre tiene palabras de ánimo, del mismo modo que un desconocido se puede convertir en amigo.


Pero dos son las enseñanzas que me gustaría puntualizar:


En primer lugar, aprendemos y mucho el valor del sacrificio, y lo que estamos dispuestos a dar. Eso lo vemos desde el minuto cero, con el primer plan que rechazamos por tener que estudiar, y no hay día que no lo veamos: cuando no podemos salir, no podemos irnos de finde o de puente y una larga lista de etcéteras. Pero sobretodo vemos cuánto estamos dispuestos a dar, a sacrificar y a luchar. A veces las circunstancias no acompañan, lo que más nos gustaría es fusionarnos con el sofá, no hacer nada, pero… no!!! Sacamos el ánimo de donde no lo hay y nos vamos a por los temas.
Lo fácil es poder salir todos los fines de semana que queramos, poder hacer los planes que queramos, lo difícil es lo que hacemos nosotros. Lo fácil también, cuando las circunstancias no acompañan, estamos de bajón y lo que menos nos apetece es ponernos a estudiar, sería no hacerlo: “no me voy a concentrar, ya estudiaré mañana”. Pero no!! Nos levantamos día tras día a las 8 de la mañana para seguir intentándolo, cunda más el día o cunda menos, pero lo hacemos. En definitiva, aprendemos a bailar bajo la lluvia, hasta que pase la tormenta.
Así que si alguna semana “no estáis a la altura” no os castiguéis en exceso porque aunque a veces parezca lo contrario… somos personas y no máquinas.


La segunda cosa que se nos ofrece es aprender a relativizar. Si bien es cierto, como se ha dicho muchas veces, con la opo todo se agranda: el problema más chorra del mundo (como una tonta discusión con alguien) se puede convertir en el motivo de la desconcentración del día pero a la vez la cosa más insignificante (como un café a destiempo o simplemente dormir sin despertador) cobra una importancia descomunal, se disfruta más.
Pese a ello, somos conscientes que esto es una carrera de fondo, que es imposible que en esa larga carrera no tengamos problemas externos que nos descentren y dificulten el camino. Así que aprendemos a intentar sortearlos lo mejor que se puede. Ello no quita que haya días que lo mandaríamos todo fuera, que creemos no poder más y acabamos hartos de todo. Pero, si bien antes de empezar la opo nos ahogábamos en un vaso de agua… Ahora un vaso no puede con nosotros, necesitamos una piscina, como poco. Aumenta nuestra capacidad de resistencia hacia los problemas que nos surgen y nos hacemos más fuertes, aunque a veces no sepamos verlo fruto de la desesperación del momento.

Respecto a esto, me gustaría terminar con una cita de una película que dice: “Ahora no puedo pensar en eso, me volvería loca si lo hiciera. Ya lo pensaré mañana”.  Así pues, cuando pensamientos insanos nos vengan a la mente… intentemos llevarla a la práctica!!!


Para acabar os diré que cuando os pregunten: bufff y ¿te compensa estudiar tanto, y perderte estos años de juventud que no volverán? No dudéis ni por un momento que la respuesta es un sí rotundo. Sea cual sea el resultado de la carrera (que estoy segura será el mejor de los posibles pues ya nos estamos encargando de ello día a día) podemos estar seguros de dos cosas: haber luchado por lo que realmente queremos y llevarnos unas cuantas lecciones en el camino, que difícilmente aprenderíamos en otros ámbitos.


Así que, a por la meta sin olvidarnos del camino en sí! ;) Ánimo a todos!

Vanessa


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