Cuando las redes sociales se llenan de quejas, lamentos y
condescendencias con uno mismo, llega el momento perfecto para que
alguien pare el tren. Pero no para bajarse. Respirar hondo, cambiar de
actividad, de aires y mirar por la ventana de ese tren que, hasta hace
momentos, teníamos pensado abandonar o cuyo trayecto contemplábamos con
desdén. Si en un viaje lo más interesante, a priori, es la partida (por
aquéllo de la ilusión, los planes) y la llegada al destino, es
importante hacer que el trayecto sea lo más ameno posible. O lo más...