Detrás de los cantes...

Intentando sobrevivir a esto de opositar, compartiendo este arduo camino salpicado de anécdotas, experiencias y buen humor, para evitar perder la cabeza, ¿te apuntas?

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viernes, 17 de julio de 2015

Opositar no es apto para cobardes

Eres un valiente, y que nadie te diga lo contrario. 

La gente, a veces, piensa que estar en casa estudiando es fácil, que no pasamos por el estrés de buscar un trabajo con sus inevitables procesos de selección, que no tenemos que madrugar ni tragarnos 2 horas de transporte público para llegar a la oficina a pasar 8 horas (o 12) haciendo un trabajo monótono que ni siquiera nos gusta. 

Se creen que es sencillo tomar la decisión de renunciar a varios años de nuestra vida porque lo hacemos porque queremos una determinada profesión. Que esto de opositar es algo rutinario: x años y listo, trabajo para toda tu vida. Y si llevas x+1 año, es que eres un torpe y estás perdiendo el tiempo. Casi, casi, eres un parásito social, que con tal de alargar tu época de estudiante, vives con agrado de tus padres, que te dan todo lo que quieres.

A quien te trate así, le invito a sentarse en tu silla un par de días estudiando mínimo 8 horas. A sacrificar tiempo con los amigos y la familia por estar modificando y actualizando temarios. A tener días de vacaciones contados con los dedos, y sin ser pagadas. A necesitar que otras personas se sacrifiquen económicamente para darte una oportunidad. A levantarse día tras día sin dejar que la rutina le aplaste.

El opositor es valiente cuando decide que vale la pena el sacrificio por intentar sus sueños. Valiente cuando tiene que decir a las personas que quiere que no puede salir porque tiene que terminar un tema más. Valiente cuando se limpia las lágrimas y desecha los pensamientos de que no puede más. Valiente cuando se levanta tras un mal día en la academia o el preparador o, incluso, tras un suspenso. Y valiente en esos casos en que el momento no llega y debe tomar otro camino. 

Nadie te regala nada por estar opositando. No quites una pizca de valor a lo que haces por un sueño.

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